• Percy: 70 años, acaba de terminar una Maestría en Gobernabilidad. Jorge, 70 años, no logra recordar fechas ni nombres importantes.
• Carla: 75 años, hace crucigramas diariamente. Claudia, 71 años, le resulta difícil recordar rutas y caminos para movilizarse.
• Percy y Carla son personas que mantienen ágil y en constante entrenamiento su memoria, lo cual los ayuda a evocar información de manera eficaz.
Cuando la memoria falla se hiere la autoestima y se despiertan múltiples temores infundados. ¿Tendré un problema neurológico? ¿Será el comienzo de Alzheimer? Siempre debemos estar atentos y chequearnos, pero muchos de estos olvidos no se producen por una causa grave, sino debido a una falta de ejercicio de la memoria.
El uso de la memoria en la vida actual ha cambiado, la modernidad nos ha vuelto adeptos a comodidades que nos hacen dejar de ejercitarla, como por ejemplo el uso del celular. Antes de la llegada del celular almacenábamos en nuestra memoria los números de casa, de los hijos, los hermanos y algunos amigos… Y ahora, haga la prueba. ¿Cuántos números telefónicos sabe usted de memoria?
La memoria es como un músculo, se ve debilitada si uno no la cuida y ejercita. Es necesario cambiar el viejo mito de que cuando envejecemos es normal perder la memoria y que no se puede hacer nada al respecto. Investigadores del Instituto Nacional sobre el Envejecimiento (NIA), perteneciente a los Institutos Nacionales de la Salud de los Estados Unidos de Norteamérica (NIH) revelan que la falla de la memoria no tiene por qué empeorar al envejecer. Dichas investigaciones aseguran que mantener activa nuestra memoria es la mejor arma para prevenir la pérdida de esta preciada función humana. Mantener la mente activa es la clave para lograr un buen funcionamiento general del cerebro.
Los recuerdos se forman en tres etapas: el registro (ingreso de información por medio de los sentidos), almacenamiento (cuando se fija y archiva en la memoria el recuerdo) y reproducción o evocación (cuando se busca en la mente la información que se necesita). Las alteraciones pueden estar presentes en cualquiera de estas etapas del proceso, por ello es importante estimular los sentidos, la memorización, propiamente, a través de asociaciones y ejercicios de evocación.
¿Qué puede hacer concretamente para mantenerla en forma?
Entrenar la memoria da grandes beneficios: se estimulan las actividades mentales adormecidas, mejora nuestra capacidad intelectual para el desenvolvimiento cotidiano, previene posibles disfunciones, nos ayuda a sentirnos más seguros e interrelacionarnos mejor con los demás.
viernes, 29 de mayo de 2009
Si no quieres perderla ¡Pon en forma tu memoria!
Compartiendo en pareja
“En la tercera edad, el amor en pareja puede ser más sólido y consistente”.
En la etapa de la vejez, el amor en pareja puede ser más sólido y consistente. Es el momento de amarse y entregarse mutuamente y sin excusas, y afrontar juntos las dificultades físicas que traen consigo el paso de los años.
La juventud es la gran diosa de los últimos años: nadie quiere envejecer y cada día cobra más fuerza la falsa idea de que lo que hagas en los primeros años de la adultez marcará tu éxito o tu fracaso. El endiosamiento de la juventud difunde una idea principal: nadie quiere ser viejo. Pero, como cualquier otra etapa de la vida, la vejez debe ser vista con objetividad, reconociendo lo que esta trae consigo, y lo que implica este cambio para la persona, tanto física como psicológica y espiritualmente.
La tercera edad no es sinónimo de soledad y enfermedad. Si bien estos aspectos se presentan comúnmente en la vida de las personas mayores, requieren ser vividos adecuadamente. No es una etapa para deprimirse o recriminarse por lo que se hizo o dejó de hacer, sino para cosechar los frutos del trabajo de tantos años, para entretenerse con el tiempo libre, para disfrutar junto con el cónyuge de momentos privilegiados llenos de recuerdos, y para acercarse más a Dios a través de la oración y el sufrimiento por el deterioro físico que suele estar presente cuando ya no se es igual de fuerte que en la juventud.
Nos tenemos el uno al otro
El principal soporte en esta etapa de la vida será, sin duda, el esposo o la esposa que nos ha acompañado durante toda nuestra vida y con quien se ha envejecido. Este será un tiempo especial de amarse y entregarse mutuamente sin miramientos ni excusas.
Para muchos, la vejez se hace pesada y los ancianos tienden a asumir una actitud enojona, impaciente o desesperada, reclamando con angustia y desesperación que su cónyuge esté atento para cuidarlo, olvidando que juntos han envejecido y que, como cuando eran jóvenes, la lucha sigue siendo de dos.
Entre los cambios que aparecen, la enfermedad puede ser el más difícil de afrontar a nivel personal y familiar. Descubrir, a partir los 60 ó 70 años, más o menos, que ya no se tiene la misma fuerza de antes y que se necesita de otros para que aten nuestros zapatos u otras cosas puede llevarlos a la depresión o a la pretensión de la autosuficiencia, obviando que el camino correcto a seguir es asumir este cambio de la mano de los demás.
Para Nancy Escalante, columnista del portal mexicano Almas, durante esta etapa se da una renovación y apreciación del valor de estar juntos, especialmente frente al pensamiento de la separación definitiva. Es el momento en que se necesita el apoyo y el cariño del otro y en el que los conflictos de pareja deberían ser menos frecuentes, pues la gran mayoría ya se ha estabilizado.
Sobre esto, el papa Juan Pablo II, gran ejemplo de cómo vivir la enfermedad y la vejez santamente, escribió en su “Carta a los Ancianos”, del año 1999, que la fragilidad humana y la ancianidad son “una llamada a la mutua dependencia y a la necesaria solidaridad que une a las generaciones entre sí, porque toda persona está necesitada de otra y se enriquece con los dones y carisma de todos”. Sus palabras son un llamado para que los ancianos se reconozcan frágiles y necesitados y un cuestionamiento para esa vanagloriada juventud que muchas veces se niega a prestar la ayuda necesaria a sus abuelos y a ver en ellos un modelo de vida y los mejores depositarios de los recuerdos y la historia familiar.
jueves, 28 de mayo de 2009
La abuela, la gran conciliadora
"Reflexiones de una abuela que aporta en el cuidado de los nietos con mucha prudencia y sabiduría".
Leíamos en la prensa una noticia conmovedora: unos abuelos salvaban en un accidente ferroviario a sus dos nietos, de 6 y 8 años. Ellos dieron su vida al proteger con sus cuerpos los de los pequeños. Y pensé en tantos otros abuelos que también la dan minuto a minuto, día a día, para que los hijos de sus hijos reciban ternura y afecto ante las ausencias de los progenitores. Seguramente, los abuelos, que murieron con tanta generosidad, también habían dedicado mucho de su tiempo a aquellos pequeños.
Hoy se habla desde el punto de vista médico del “síndrome de la abuela esclava”. La abuela que sólo piensa en los hijos, que no se atreve a decir que está agotada por el exceso de responsabilidades en que se encuentra inmersa, y que no se queja porque tiene miedo de no ser útil, en esta situación, puede acabar enfermando. Es posible que eso suceda porque las abuelas siguen teniendo el mismo espíritu maternal de cuando eran madres (se dice que “son dos veces madres”). Pero, debido a la edad, les cuesta más recuperarse del esfuerzo físico y psíquico.
Saber ser abuela
A la hora de hablar de ayuda, es mejor utilizar la palabra compartir. Compartir con el abuelo. Compartir a los hijos. Compartir a los nietos. Por lo tanto, compartir el trabajo, compartir las aficiones, compartir los buenos momentos y los no tan buenos, compartir lo que se es, lo que se tiene y los conocimientos que se adquieren por la edad.
Cuando se sabe pedir complace al otro porque puede compartir. Cuando pedimos un favor, de hecho estamos haciendo otro favor. Las abuelas han de saber pedir ayuda a tiempo, antes de que por agotamiento no puedan hacer nada más. Y los hijos jóvenes, que necesitan de la abuela, tienen que estar más atentos a sus necesidades afectivas y físicas y agradecerle lo que hace por ellos.
Para ser buena abuela hay que tener una actitud positiva, para resolver problemas sin susceptibilidades, y una actitud participativa para saber dar y recibir. No fuera el caso que estuviéramos paseándonos por casa diciendo: “pobrecita de mí, cómo sufro y lo poco que me quejo”. Desde mi punto de vista, es muy importante el siguiente punto: para transmitir serenidad y paz al matrimonio joven se debe ser muy prudente y no interferir en sus relaciones. La autonomía y la independencia de los hijos casados tienen que valorarse mucho, así como los objetivos educativos que tengan para sus hijos estos deben respetarse; la responsabilidad es de ellos y no de los abuelos. Este hecho no excluye que cuando los nietos estén en casa de los abuelos tengan que seguir el orden material que sea costumbre en la casa de los mayores. En este tema, para no tener problemas generacionales, debe mantenerse una buena comunicación entre abuelos e hijos, sabiendo pasar por alto pequeñas banalidades, distinguiendo lo que es esencial de lo que es accesorio.
El hábitat natural de la persona es su fami-lia. Por eso, se hace patente que allí donde, prioritariamente la gente mayor se puede encontrar realizada, es con los suyos. No puede centrarse en ella misma, ni hablar siempre de que las cosas han cambiado demasiado, sinó que debe adaptarse con flexibilidad a estos cambios. Todos hemos visto la afinidad que hay, en muchas ocasiones, entre un adolescente –la edad de más inseguridad– y sus abuelos. Ver la felicidad de los abuelos que, midiendo sus fuerzas, son capaces de dar toda su sabiduría y ternura a los pequeños que van llegando a este mundo da mucha alegría.
Adultos mayores con mentalidad de joven
Aunque el envejecimiento es un proceso fisiológico normal en todos los seres vivos que muestra una involución física y mental, el sentirse ‘viejo’ es una actitud que muchos adoptan luego de presenciar en carne propia los achaques característicos de la edad avanzada.
La persona que se define como adulta mayor y no como vieja, es aquella que asume con tranquilidad los cambios en su cuerpo y contrarresta las secuelas de la edad con ejercicio físico regular, porque sabe que éste puede mejorar su calidad de vida y lentifica la involución funcional de todos sus órganos.
Es también quien permanece activo intelectualmente sin aislarse de su entorno social y familiar. En otras palabras, la persona mayor puede tener la misma edad cronológica que el viejo, pero sus diferencias están marcadas por su actitud ante la vida, por su espíritu y su corazón y por conservar una mentalidad joven.
Si es cierto que cada vez es más común ver al adulto mayor más participativo en la sociedad y como miembro de la familia, todavía persisten mitos de lo que ‘no debe’ hacer un ‘viejo’. Por esto es necesario cambiar la mentalidad desde la educación de los hijos para presentar la ancianidad como la ‘edad de oro’ en la que llegan oportunidades para disfrutar de todo aquello que siempre quisimos, pero para lo cual no tuvimos mucho tiempo.
¿Cuándo se es adulto mayor?
Para quienes están en edad avanzada y desean saber si su actitud ante la vejez es positiva y aún poseen sueños, ilusiones y amor por la vida, he aquí algunas reflexiones que marcan la diferencia entre sentirse viejo o adulto mayor.